Una ruta por Noruega

Aunque Noruega es un país caro, al final gasté menos dinero del que tenía pensado. Y es que no importa que al volver tu cuenta haya ido a menos, que una semana después eches de menos estar allí donde has ido y quieras volver o que le tengas que dedicar horas a revisar fotos que hiciste sin tener en cuenta la cantidad y las horas que después deberías dedicarle. Viajar vale la pena, siempre. Para desconectar, para descubrir nuevos lugares, otra gente, para descubrirte a tí mismo en contextos distintos, para valorar lo que tienes, para ver que es posible tener otras cosas, para ver que aquello que creías que esta perdido no lo está tanto (en este caso, mis aptitudes al volante)… para… para… para muchas cosas.

Stavanger

Aterrizamos en Stavanger con ganas de visitar Preikestolen, las vistas de los fiordos impresionantes y la roca que por extrañas leyes de la naturaleza permanece desde hace años sujeta en medio de un acantilado. También es especialmente recomendable visitar el barrio pesquero. Todo ello lo puedes visitar, andando mucho, en un día.

Bergen

Alquilamos un coche y nos dirigimos a otra ciudad turística que no puedes dejar de visitar si pasas por el país escandinavo. Eso sí, antes debes tragarte cuatro horas de carretera, algo a lo que debes habituarte si quieres visitar Noruega por tu cuenta. Bergen es una ciudad de postal, mirando al mar, con sus casitas de colores… sus tiendas de souvenirs y sus precios astronómicos. No tuvimos tiempo de cogerlo pero si queréis informaros, hay la opción de coger un funicular que te sube a lo alto de la montaña para ver las vistas de la ciudad y su entorno.

Gudvangen

En el tercer día fuimos a Gunsvadgen, donde entré a un poblado vikingo. Obviamente es una reproducción de un pueblo vikingo, donde viven voluntarios que desde la actualidad, quieren dar a conocer la cultura vikinga. Hay partes del campamento que funcionan para tal objetivo aunque también encuentras tiendas, donde aparentemente viven los voluntarios, con comodos colchones y zapatillas deportivas (algo muy vikingo, claro…). En realidad fue una buena visita y aunque no pagué la visita guiada, solo la entrada al campamento, los amables vikingos te contaban todo si les preguntabas: las armas que usaban, sus dioses y que representaban (a los de la fertilidad se les puede identificar fácilmente), etc. El proyecto está a la espera de ampliarse en 2013 con un campamento mayor, muros incluidos.

Flåm

Siguiente parada: (en el mismo día): Flåm. El plan inicial (nos gusta hacerlo complicado) era subir la montaña hasta Myrdal y ahí coger el tren que hacía el trayecto Myrdal – Flåm. ¿Qué no sabíamos? La carretera era complicada en un primer momento para terminar siendo impracticable al final. Tuvimos que volver a conducir de vuelta por ‘esa’ carretera (no sé me ocurren adjetivos para describirla) y coger el tren Flåm – Myrdal.

Viajando hacía el norte, pasamos por la iglesia vikinga de Borgund, hecha toda de madera y construida en el sigle XII. Curioso, pero me l’imaginava més gran! También puedo decir que “he conducido por el túnel más largo del mundo”, el Túnel de Lærdal (Lærdalstunnelen), que recorre unos 25 kilómetros aproximadamente. Tantos que cada cinco kilómetros pasas pòr una zona de descanso con luces de neón, imitando un glaciar, todo para que te mantengas despierto. Una sugerencia: gritar ¡SUBIDÓÓÓN! al pasar por ahí, sumamente divertido.

Beitostølen y el lago Gjende, en el Parque Nacional de Jotunheimen

El día siguiente, antes de conducir hasta Oslo, pasamos por Beitostølen pero apenas pasamos tiempo allí (hay poco por ver, la verdad). Si pasáis por allí en invierno, si que hay una estación de esquí en muy buenas condiciones y el último fin de semana de Julio tiene lugar el festival Troll Rock. Nosotros, lo que hicimos, fue ir al lago Gjende, en el Parque Nacional de Jotunheimen. En un día no precisamente soleado, cogimos un ferry, después de andar un poco por caminos imposibles, que cruzó el lago.

Fagernes y Lillenhammer

Un día despúes nos encaminamos hacía Oslo pero nos desviamos ligeramente del recorrido para pasar por Fagernes y la ciudad olímpica (Juegos Olímpicos de Invierno 1992) de Lillenhammer.

Por las calles de Lillehammer vi un cartel del Hove Festival. El diseño mola y la propuesta musical no está nada mal. Se celebra en una ciudad llamada Arendal, al sur del país, el último fin de semana de Junio.

Oslo

La primera parada en Oslo, propiamente, fue en el Norsk Folkemuseum, situado a las afueras de la ciudad. La primera sorpresa fue que la capital noruega dispone de un servicio de alquiler de bicicletas idéntico al de Barcelona. Las paradas y las bicicletas eran iguales, pero de color azul y con publicidad. Incluso hoy he pasado mi tarjeta del servicio en Barcelona y la ha reconocido y me ha dado una bicicleta… ¡No, es broma! La ha reconocido, sí, pero ha aparecido un mensaje en noruego que debió ser algo como “esta no es la tarjeta correcta”.

El museo era al aire libre y concentraba diversas construcciones, vestidos regionales, juegos, utensilios, mobiliarios, figuras de cera, etc. que mostraban como era la vida en Noruega en distintas épocas. Fue interesante.

Después de eso fuimos, en coche, a uno de los parques de la ciudad, Vigelandsparken. De camino al parque ya vi que esa ciudad tiene un nosequé que me dice que no me importaría nada vivir allí una temporada. En el parque, mucho verde, estatuas que aún no tengo claro que significan y muchos turista ¡ah! y un mini parque acuático.

Del parque nos fuimos al hostel que, como ya os dije, estaba en el centro de la ciudad. Después de que algunos se quedarán encerrados por unos minutos en el ascensor, ver las habitaciones, dejar las maletas, etc., nos fuimos para el centro de la ciudad.

Después de esto ya hicimos el turista propiamente, paseando por las calles céntricas de la ciudad y llegando al Palacio Real. Había flores y velas por todos lados.

Al final no puedo opinar con propiedad sobre la noche oslense (habrá que volver), el grupo no tenía muchas ganas de fiesta y acabamos yendo unos cuantos a un pseudopub con música en directo dónde probé mi primera Guiness, no estuvo mal.

Al levantarnos hoy, hemos apurado las últimas horas en Oslo visitando el edificio la Opera House, próxima a la estación central. También hemos recibido ¡ABRAZOS GRATIS!

SLUTTEN

Nada termina hasta que no escribes la palabra “fin” y precisamente eso es lo que slutten significa en noruego. Aunque no tiene mucho sentido continuar un blog de viaje cuando el viaje ya ha terminado, desde que volví a casa he estado editando las fotos que hice para subirlas a mi cuenta en Flickr y que ahora también pueden verse en este blog.

Te han entrado ganas de hacer una ruta por Noruega? Consulta aquí nuestros vuelos!

Por Oriol Salvador




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