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LOS RINCONES OCULTOS DE LANZAROTE QUE NO QUERRÁS COMPARTIR

Lanzarote es una isla sorprendente, con un clima privilegiado y numerosos rincones por descubrir alejados de los circuitos turísticos. ¡Te contamos cuáles son si nos guardas el secreto!

Lanzarote es mucho Lanzarote. Es una isla única, un lugar mágico que no se parece a ningún otro en el mundo. Desde hace 30 años, la isla es Reserva de la Biosfera por la UNESCO, lo que significa que el ser humano y la naturaleza (¡y qué naturaleza!) han sabido vivir en perfecto equilibrio a lo largo de los siglos. Y lo que les queda.

De hecho, basta con poner un pie en Lanzarote para comprobar que la oferta turística convive de forma ordenada con sus espacios naturales. Paisajes volcánicos, pequeñas calas, grandes playas, piscinas naturales, acantilados, cumbres y pueblecitos se mantienen en perfecto estado en esta isla. Y es que en Lanzarote la naturaleza es prácticamente un habitante más, un activo al que se aprecia, se cuida y se respeta.

Además, viajar a la isla es siempre una auténtica fiesta. A sus atractivos naturales, que incluyen playas de cuento y piscinas naturales increíbles, hay que sumar los numerosos espacios de interés cultural, arquitectónico y –cómo no– gastronómico.

Más allá de los lugares de visita obligada que mencionábamos en este post, Lanzarote cuenta con rincones ocultos en los que disfrutar prácticamente en solitario de los encantos de la isla.

¿Nos acompañas en este recorrido por el Lanzarote más desconocido?

1. Los volcanes de La Palma

La Palma es tierra de volcanes, así que prepárate para cansarte de tanto caminar entre ellos. Una buena manera de conocerlos es hacer la Ruta de los Volcanes, que va del centro al sur de la isla y que te permite pasear entre paisajes que parecen más propios de la Luna.

Pero si la cosa va de volcanes, capítulo aparte merece un recién llegado como es el nuevo Volcán de La Palma. Este se encuentra en el municipio de El Paso, en pleno Parque Natural de Cumbre Vieja. Su paisaje, oscuro y magnético, no puede ser más atractivo para los viajeros. En ningún caso puede visitarse por libre y el acceso debe hacerse con alguna de las empresas habilitadas para ello, ya que hay zonas a las que no se puede acceder debido a los gases.

La única ruta habilitada, con las condiciones que te decíamos, permite llegar hasta el cráter del volcán. Este es un espectáculo increíble que nos permite visualizar a la perfección la magnitud de la erupción. La imagen es impactante y emocionante. Seguramente por eso muchos de los que llegan aquí recorren el sendero en silencio, como muestra de respeto hacia el volcán y su gran poder. Desde aquí vemos multitud de colores ante nuestros ojos (el amarillo de los depósitos de azufre, el blanco de las sales y el rojizo de los depósitos de los materiales volcánicos) que combinan con el gris ceniza del suelo.

Al hacer el trayecto con guía, vamos a poder preguntar lo que queramos sobre las particularidades de esta isla volcánica, los detalles de la erupción y sus maravillosos paisajes. Es recomendable llevar un calzado adecuado, ya que al estar caminando sobre suelo arenoso tendremos la sensación de estar sobre arena de playa, y también gafas y un pañuelo (independientemente de la temperatura) por si se levanta viento y necesitamos resguardarnos de la arenilla.

Si al final de la visita te apetece coger un poco de perspectiva, acércate a cualquiera de los miradores desde los que también se observa muy bien el volcán: la iglesia de Tajuya en El Paso, el Mirador del Castillo de la Virgen, el puerto del Tazacorte y el Mirador de El Time (este último un poco más alejado).

2. Naturaleza salvaje

De sobras conocidos son el Parque Nacional de Timanfaya o el Parque Natural de los Volcanes, visitas obligadas en Lanzarote. También pueblecitos como Teguise, Yaiza o la pequeña isla de La Graciosa, a la que debemos acceder en ferry; playas de ensueño como las de Papagayo o Famara, las piscinas naturales de Punta Mujeres o la cala de Caletón Blanco (llamada así por su arena blanquísima). Pero más allá de estos must, la isla entera es por sí sola un reclamo para los amantes de la naturaleza.

No hay que olvidar que Lanzarote fue el primer lugar del mundo en ser declarado íntegramente Reserva de la Biosfera por la UNESCO, un reconocimiento que tanto las autoridades como la población aprecian y cuidan con mimo. Alrededor de un 50% de Lanzarote tiene rango de protección ambiental, de manera que se apuesta siempre por un turismo sostenible que no ponga en peligro ese equilibrio tan valioso que constituye, en definitiva, la principal seña de identidad del territorio. Además, a lo largo y ancho de la isla encontramos numerosos establecimientos con el sello Biosphere, que reconoce la labor de aquellas propuestas comprometidas con el medio ambiente.

Aunque hayamos ido una y mil veces, siempre quedará algo por ver. Ya sea una playa desconocida, una piscina o un sendero, la isla es siempre una sorpresa. Algunos ejemplos son las Grietas de Montaña Blanca, tres fisuras por las que podemos acceder al interior de este volcán, o el Charco de los Clicos, en este caso un lago dentro de un volcán, así como las Salinas de Janubio, las más grandes de Canarias. La lista no acaba nunca, ya que tampoco podemos olvidar las Peñas de Chache, el punto más alto de la isla desde el que contemplar la vista sobre el Risco de Famara y el Archipiélago Chinijo, la mayor reserva marina de Europa. ¿Quién da más?

3. Gastronomía y enoturismo

Podemos recorrer Lanzarote con un leitmotiv únicamente gastronómico y pasárnoslo en grande. Nada mejor que empezar la mañana visitando alguna bodega de La Geria y paseando entre viñedos que nacen en suelo volcánico. Recorrer estas viñas significa no solo entender mejor cómo se gestan unos vinos únicos, sino también adentrarse en una tradición todavía hoy muy vinculada a lo rural. Y, evidentemente, abrir botellas que son un auténtico lujo, vinos únicos en su especie gracias a la composición de los suelos.

La gastronomía lanzaroteña es esencialmente de km 0 en prácticamente todos los restaurantes, una muestra más de la apuesta por la sostenibilidad que recorre la isla. Mar y montaña se dan la mano en las cartas de sus establecimientos, desde aquellos reconocidos por la Guía Michelin a todos aquellos que aún se nutren del trabajo de pequeños pescadores de la zona. Los quesos de cabra también son un emblema de la isla, en la que encontramos diversas queserías donde adquirirlos directamente y conocer los secretos sobre su elaboración.

4. Arrecife y otros rincones

Más allá de los pueblecitos de pescadores de encantadoras casas blancas que ya hemos mencionado antes, la capital, Arrecife, siempre es un buen lugar para hacer un alto en el camino. Pasar una jornada en esta alegre ciudad portuaria significa contagiarse del carácter afable de los lanzaroteños y comer de maravilla en alguno de sus numerosos restaurantes.

Podemos empezar la jornada visitando el Puente de las Bolas y el Castillo de San Gabriel, seguir con una visita a la iglesia de San Ginés y acabar haciéndonos una foto en la Estatua de los Buches, un homenaje al Carnaval. No hay que olvidar detenerse en el Charco de San Ginés, una bella laguna natural que se introduce literalmente en la ciudad, y disfrutar de unas vistas incomparables y de una placidez única.

También podemos aprovechar para ir de tiendas y descubrir la amplia oferta de shopping y artesanía. Si visitamos Arrecife un sábado por la mañana, hay que acercarse al mercadillo ubicado en las inmediaciones del Charco de San Ginés. Imposible salir con las manos vacías.

¿Ganas de Lanzarote? Nosotros ponemos el vuelo, tú solo tienes que poner las ganas.

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